Primero Túnez, luego le siguió Egipto y después pasó a otros países como Yemen o Libia. Las movilizaciones han adquirido un efecto dominó que, sin duda, marcarán las próximas décadas. ¿Qué ha ocurrido, qué está pasando? Los enfrentamientos entre detractores del régimen y sus partidarios no han cesado, causando numerosas bajas ante la carrera por hacerse con las principales ciudades del país. Aunque al principio los rebeldes lograron controlar varias ciudades, pronto el líder libio Muamad el Gadafi dejó clara su negativa de abandonar el poder y, tras reforzar Trípoli, la capital, lanzó ofensivas contra los rebeldes que, a pesar de la pasividad y "diplomacia" de Occidente, siguen resistiendo en Bengasi, la segunda ciudad más importante de Libia.
La antigua colonia italiana ha teñido sus calles de sangre con una represión atroz que, desconociendo la cifra exacta, la ONU estima en más de 2.000 muertos civiles a manos del régimen.
Un mes hemos tenido que esperar para que la ONU se pronuncie. Promovido por Estados Unidos, Francia e Inglaterra, ha sido hoy, 18 de marzo, cuando la Organización de Naciones Unidas ha lanzado un ultimátum exigiendo un alto al fuego, contando con la abstención de Alemania, Rusia, China, Brasil e India. Habiendo cerrado previamente su espacio aéreo, Libia aseguró el cumplimiento del alto al fuego, aunque varias fuentes aseguran la persistencia de ataques en Misrata y Ajdabiya. Así, mientras Gadafi critica la postura de Italia y Francia, con quienes había hecho tratos y favores en el pasado, el resto del mundo se prepara para intervenir.
Sólo me cabe pensar una cosa: ¿realmente han sido necesarias tantas revueltas y tantas muertes para que Europa y Estados Unidos se dieran cuenta de lo que estaba sucediendo en estos países?
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